Devolviendo los cuerpos de la guerra civil

La realidad del genocidio indígena en Guatemala
La guerra civil guatemalteca termino en 1996 con acuerdos de paz. Este conflicto de 36 años alimentado por la guerra fría dejó huellas profundas en el país. Varios estudios internacionales hablan de genocidio para explicar lo que vivió la población maya. Estaba establecido que de manera coordinada, en una política “preventiva” de tierra arrasada, el ejército y sus estructuras paralelas realizaron centenares de masacres en la población maya rural. Muchos pueblos desaparecieron totalmente del mapa. El objetivo de esta política del terror fue el de eliminar físicamente la población indígena del campo donde la guerrilla pudiese encontrar una base social. Monseñor Gerardi, obispo de la ciudad de Guatemala fue asesinado en 1998, dos años después del tratado de paz. Acababa de publicar un libro explicando minuciosamente las metodologías de esas masacres y enumerando a 50.000 victimas identificadas. Extrapolaciones multiplican ahora por cuatro el número real de victimas civiles. Más de la mitad de las fosas descubiertas actualmente no aparecen en la cuenta de su libro. Nadie se atreve en el “hablar guatemalteco” a nombrar la palabra fosa. La gente habla de cementerios clandestinos.
La ola de violencia más importante tuvo lugar entre los años 81 a 83 bajo la dictadura del general Ríos Mont. Es el actual jefe de un partido populista que controla una importante bancada en el parlamento Guatemalteco. Su peso político y sus conexiones con el ejército y la justicia guatemalteca siguen vigente. Por eso aunque ya no tenga inmunidad legal, después de haber perdido las elecciones presidenciales en el 2004, no teme juicio en sus tierras. Rigoberta Menchú, premio Nóbel de la paz 1992, interpuso una demanda ante el juez Garzón. Si Rios Mont sale ahora de su país, se arriesga a que le pase lo mismo que a Pinochet en Inglaterra.
Proceso de exhumación
Una familia o una comunidad tienen que anteponer una demanda de desaparición ante el ministerio público. El mayor deseo de las familias indígenas no es de iniciar un juicio, sino de encontrar los restos de sus familiares y de enterrarlos dignamente. En las creencias mayas, una persona que no se lleva a la tierra con los rituales adecuados, sigue sufriendo y llorando. El juez autoriza la exhumación y delega el trabajo a antropólogos. Una fosa, donde ya solo queda ropa y huesos después de 20 años, lleva de 1 a 15 días de labor. La exhumación se maneja al igual que cualquier escena de crimen actual con los relevos de pruebas. Los restos son luego analizados en el laboratorio para tratar de identificar a la persona y la causa de la muerte. La entrega de los cuerpos en el pueblo se hace entre 6 meses y un año después de la exhumación. El primer día se expone la ropa de las personas que no han podido ser identificadas. Si un familiar reconoce prendas, un juez presente estudia el caso y puede entregar de inmediato el certificado de defunción, lo que permite enterar esa persona al día siguiente con todos los demás. Las ceremonias mayas y cristianas duran 2 días. El entierro se hace por lo general de manera colectiva.
A lo largo de todo este proceso, las familias, los antropólogos, las asociaciones de apoyo psicológico o jurídico reciben amenazas para dejar las excavaciones. En ciertos casos se han producido asesinatos. Tanto los que ejecutaron como los que organizaron esas masacres siguen siendo actores poderosos de la sociedad guatemalteca. Después de más de 400 fosas ya exhumadas, solo dos juicios están en marcha. En esos dos casos, los acusados son militares e de bajo rango que sólo cumplían órdenes.
Reportaje completo: 80 fotos
Publicado en : Interviú / España
- Todos
- Cultura
- Online activos
- Religión
- Sociales
- Viajes
- Todos
- Cultura
- Online activos
- Religión
- Sociales
- Viajes












































